Caldosa | Foto © Cibercuba Cocina

Comer en La Habana tras la tormenta

Después de la tormenta siempre viene la calma, reza el refrán. Pero en Cuba, eso no siempre funciona.

Los cubanos tenemos experiencia preparándonos para lo que viene tras un huracán. Sales a comprar pan, galletas, turrón de maní, barras de guayaba y de coco. Además, cocinas arroz para hoy y para mañana y haces huevos hervidos. Congelas las carnes para que aguanten todo lo que pueda sin corriente. Ordenas la despensa y vas consumiendo lo que puede dañarse primero. Al tercer día solo quedan espaguetis, azúcar y chícharos, crudos. Pero para ese entonces ya empieza a volver todo a la normalidad.

El tornado de este domingo no fue un evento meteorológico común. No estuvo dentro de lo que para un cubano puede ser habitual. Por tanto, no estaba nadie preparado. ¿Qué habría en esos refrigeradores? ¿Cuáles son los productos en esas despensas cotidianas?

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Alimentos comunes en la despensa de un cubano

Entre los alimentos comunes en la despensa de un cubano está en primer lugar el arroz, cereal más consumido en Cuba. Azúcar, blanca o prieta, metida en una lata generalmente para que no la ataquen las hormigas. Legumbres (frijoles en buen cubano) que tardan fácilmente dos horas de cocción por la mala calidad de la mayoría de los granos. Huevos, con suerte. Boniato, plátanos, alguna fruta y algo de pan. De todo esto ¿qué puedes comer sin cocción?

No es tiempo de apologías ni de odios. Es hora de soluciones. Sin embargo, es justo esa continua búsqueda de soluciones inmediatas la que nos ha llevado hasta la situación sociocultural actual de Cuba. No hay un proyecto real de nada que fructifique ni que conduzca la sociedad a un estado superior. Es un eterno bregar, un continuo ciclo maquiavélico que no parece dejar enseñanzas colectivas ni individuales.

Qué comerán esta noche

No lo sé. Puedo hablar sólo de lo que he vivido. En los vecindarios más unidos, como en el mío, alguien propondrá una caldosa. La hoguera arderá con las ventanas desechas, mientras una decena de manos laboriosas rajan con prisa plátanos, yucas, boniatos, ajos, calabaza y cebollas recogidas en colecta. No es poesía, no es arte, no es identidad. Es supervivencia, al más puro estado primitivo de una comunidad.

Y qué pasa en los vecindarios menos unidos. La gente seguirá en su indiferencia y esta noche más de uno se irá a dormir con un vaso de agua con azúcar como otras tantas veces.

“No te alarmes -me dicen desde Cuba- esta es una noche más de huracanes o tormentas”.

 

 

 

 

 

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