Juan Carlos Cremata en un campo de flores | Foto © Juan Carlos Cremata
Juan Carlos Cremata en un campo de flores | Foto © Juan Carlos Cremata

Memoria del Exilio: Mayo Transmutado


Publicado el Viernes, 7 Junio, 2019 - 15:59 (GMT-5)


Guardo prolongado silencio.

No escribo demasiado.

El pasado mes era - así, en pretérito imperfecto - por lo habitual, ceremonial, festivo.

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Ahora, en cambio, se me ha transfigurado amargo, interno, intenso, parco, torvo y hasta nebuloso.

Aunque agreda con saña, bajo un sol del carajo.

Atraviesa al mes - como una puñalada que casi lo cercena - el segundo domingo de mayo.

Que es, hogaño, el primer año, en que, en el Día de las Madres, no puedo, ni siquiera, llamar, para felicitar a mami.

Ya nunca más oiré el incondicional cariño en su respuesta.

El “no te preocupes, yo estoy bien, hay Iraida para rato”.

Te equivocabas.

Habrá Iraida para siempre.

De esa suerte, en lo que otros se esparcen, me recojo, enmudezco, rumio solo mis penurias.

Sé que otros, muchos - o muchos otros - también lo padecen.

Es ley de vida.

Debida norma, que no merma, ni amedrenta o invalida.

Pienso en otra cosa, imagino, desvarío, bogo, vuelo.

¡Tuve momentos tan dichosos en mi vida anterior!

Que son los que me sostienen y ayudan a seguir.

Luego, en tan sólo una semana después, - el 20 de mayo, como el de “la patria” - fue el cumpleaños diecisiete de mi hija lejana.

La dejé con catorce.

Perdí sus quinces.

Sus dieciséis.

Y al paso que voy…

¿Habré aplicado para residencia, resiliencia o resistencia? *
*Acorde a la información que brinda la página web del Servicio de Inmigración y Ciudadanía de los Estados Unidos, el tiempo de procesamiento de los casos, tiene actualmente un rango estimado de 12 a 18.5 meses. Ya pasé de los trece. Y estamos hablando de unos cinco más. ¡Casi medio año es lo que me proponen que siga esperando! ¿Hasta cuándo, Virgen de la Caridad?

Ya no sé.

Ni creo que me interesa.

Pasan de tres años sin poder gozar de su abrazo cercano, de su risa mimosa, confiada, confianzuda, confiable, febril.

Sé que hay casos peores.

Mas, saber que otros sufren, a mí no me consuela.

Y, casi acabando el mes, el cumpleaños ochenta y tres de mi madre.

Que eterna sigue en mi memoria.

Pero, el azar perturbado quiso que mi amigo americano me invitara, de nuevo, a visitar a su familia en Luisiana.

Esta vez en un vuelo amarillo pollito pito chillante de SPIRIT. *
*¡Hasta el nombre se me apeteció ilusión!

Y como aterrizamos en New Orleans - cumpliendo así la segunda ocasión que el destino me regala el visitar esa increíble parte de la tierra -, esta vez, con el bochorno que acompaña a un tórrido verano - o sea, nada de chinchín, ni sombra de Katrina - nos gozamos la dicha bendita de acompañar, e iluminarnos, con un second line parade. *
*Hablé de ese deseo en una publicación anterior con el nombre: NEW ORLEANS PASADA POR AGUA.

Una maravilla más, de las tantas que ofrecen las tradiciones de esta original ciudad.

Que, en mi caso, se me antojó, además, como señal.

De la muerte hay que burlarse, pues, de todas maneras, ella, invariablemente, nos va a alcanzar. Y se va a reír. A carcajadas.

¿Por qué no hacerlo nosotros también?

De esa manera, caminamos un rato entre la pachanga risueña que seguía el cortejo mortuorio de una quinceañera.

Todo era alegría, esplendor, música, riquera, recholata, celebración de la ventura de existir.

Con el ánimo a todo meter, atravesamos el quilométrico puente que nos llevó a Mandeville.

La corta visita a la parentela, incluyó, además, unos quince minutos de remo en canoa por uno de los muchos afluentes - o bayous - del rio Mississippi.

El agua era oscura y al parecer corre atestada de cocodrilos.

No vi ninguno. Si no, me cago.

Por eso solicité regresar a tierra enseguida.

Fue una linda experiencia, pero ¡hasta ahí!

Muy poco celebrada, después, por unos tremendos dolores de espalda.

No hay nada peor que envejecer.

De seguro, no poderlo hacer.

Para contrarrestar un poco, la casualidad quiso que alguien me regalara - y he completado - un rompecabezas de mil piezas.

Fue el primero que ultimé.

En tan sólo tres días.

Ahora acometo uno nuevo.

Esta vez de dos mil fragmentos. *
*Con la ayuda desinteresada del abuelo amigo Jorge García Bango, que, a veces pasa por casa y nos entretenemos un rato en eso.¡Para lo que hemos quedado!

Así ejercito al cerebro. Lo pongo a jugar, lo entretengo.

No lo atormento de ausencias, carencias, esperas desesperadas, injusticias e indolencias.

Lo que es decir, me rompo la cabeza con otra cosa.

Por otro lado, me hago la idea de que es como hacer un casting.

Escoger la pieza perfecta que encaja exacta en el conglomerado.

Un antídoto infalible contra la ansiedad.

En Cuba, mientras tanto, reprimen cualquier tipo de “libertad no controlada

Otro eufemismo más de los tantos creados por ese engendro de gobierno y su obsoleta forma de pensar.

Como lo es “trabajo voluntario obligatorio”, “dieta de población”, “canasta básica” “pollo por pescao”, “período especial en tiempos de paz”, “socialismo próspero y posible” y un ceremillar de términos inventados, tirados por los pelos, para justificar, o maquillar, la ineficacia de un sistema social fallido, desfasado, leonino, incongruente y falaz.

O, simplemente, continuidad de la debacle, prolongación de la angustia, persistencia en el atraso.

No estoy para eso, paso.

Busco señales con las que nutrir mi optimismo.

Donde sea.

Esta mañana, por ejemplo, desayunando en un local de Miami, al regreso, tuve ganas urgentes de dar del cuerpo.

Corrí a sentarme en una de las dos tazas habilitadas para evacuar nuestro producto interno bruto y al depositar cómodamente mi trasero, se dejó escuchar por los altavoces del lugar, la melodiosa voz de Ben E. King entonando ese pegajoso éxito de los años sesenta que reza: STAND BY ME.

En el compartimento de al lado, compartía momento (in)grato, un ser desconocido del que sólo podía distinguir sus impolutos tenis blancos.

Y en el momento más inspirado del tema musical, comencé a escuchar su voz - a todo dar - acompañando al artista de la radio:

When the night has come
And the land is dark
And the moon is the only light we'll see
No, I won't be afraid
Oh, I won't be afraid
Just as long as you stand
Stand by me
So darlin', darlin'
Stand by me, oh, stand by me
Oh, stand, stand by me
Stand by me

Y así siguió hasta el final del número.

Quiero decir, el que yo había interpretado, a solas, con mis desechos.

No sé si él siguió con otra programación restante.

Yo regresé a mi condumio con el alma henchida, el culo depuesto y la sensación de, más que haber cagado, asistir a un concierto de música soul.

No me atreví a aplaudir, aunque lo hizo con denuedo todo mi espíritu.

El júbilo se luce por dentro.

Y ayuda a encarar, de una forma más soportable, los más sucios, duros o impresentables momentos de la vida.

Todo lo que me haga olvidar el entorno, sea, entonces, bienvenido.

Por más que un desánimo añejo, me haga publicar esta crónica del mes pasado, casi, a mediados de junio.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.


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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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