Basura cerca del malecón de Santiago de Cuba | Foto © José Roberto Loo Vázquez
Basura cerca del malecón de Santiago de Cuba | Foto © José Roberto Loo Vázquez

Las indisciplinas y suciedad pululan en el malecón de Santiago de Cuba


Publicado el Viernes, 23 Agosto, 2019 - 09:59 (GMT-5)


Los restos de un trabajo espiritual flotan en el agua, las huellas de una noche de locura se acumulan en la orilla, personas inmortalizan libremente su amor en la pintura de un ícono de la ciudad, y se presume un extranjero plasmó sus sentimientos espontáneos en un muro… así está el malecón de la ciudad de Santiago de Cuba: un lugar donde la suciedad y las indisciplinas andan, como se dice por estos lares, como perro por su casa.

Basura en la bahía de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

Lo dicho anteriormente se traduce en latas y botellas flotando en el mar y amontonadas en la orilla, bolsas plásticas o «cubalses» como se le dice en el oriente de la isla también pululan, un hermoso cartel con la palabra «Cuba», ícono de la urbe, devenido lienzo de los graffitis, un ave decapitada en medio de la bahía supuestamente tras ser usada en una obra espiritual, y el vocablo «verga» escrito en el muro del malecón de la ciudad, para muchas personas obra de un extranjero, por lo poco habitual del uso de esa expresión en la urbe.

Habría que sumar, además, el hecho de que el lugar tampoco escapa a esa maldita manía que se ha entronizado, por miles de causas entre ellas la falta de baños públicos, de orinar donde quiera casi como si las personas fueran perros que con levantar la pata es suficiente para derramar el líquido amarillo, sin importar el lugar tampoco que pueda estar atestado de gente.

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Un ave muerta en la bahía de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

Lo anterior no es la ciudad hace algunos años, es la más cruda realidad actual, la que está transformado uno de los espacios más populares y concurridos en un área gris que, incluso a veces, llega a sentirse hasta mal olor tanto proveniente del mar como de la tierra.

Incluso, hay quien asegura que los propios trabajadores de comunales, esos que tienen la misión de mantener la ciudad en buen estado higiénico, en horas tempranas de la mañana arrojan a la orilla los desechos sólidos… y se cuenta que se hace, sin control, reiteradamente.

Basura en el malecón de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

Y es que el malecón de Santiago de Cuba, uno de los regalos por el medio milenio de fundada la antigua villa, por estos días da al traste con eso que se repite hasta el cansancio de que la ciudad debe ser «bella, higiénica y disciplinada».

Malecón… el regalo que el pueblo abrazó

El 500 aniversario de la ciudad de Santiago de Cuba, más allá de loas y fanfarrias, dejó en la urbe obras que forman parte de la fisionomía que hoy luce: Corredor Patrimonial Las Enramadas, Plaza de Marte, catedral restaurada… Sin embargo, posiblemente fue el malecón el que más guiños de complicidad recibió.

Santiagueros disfrutan de su malecón. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

Para no pocos es uno de los lugares que le roba terreno al emporio del calor que habitualmente se enseñorea en la urbe, por su amplitud y relativa seguridad es un lugar seguro donde soltar a los pequeños y olvidarse de los peligros.

Además, el malecón –que dicho sea de paso, no es tal malecón pues no es un muro que estrictamente hablando contenga la fuerza del mar como dicen el significado de la palabra– ha sido el principal responsable de reconciliar al santiaguero con su bahía.

Un barco en la bahía de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

En realidad, el malecón forma parte de algo más grande: el llamado Paseo Marítimo de la ciudad de Santiago de Cuba que interconecta la Alameda, rejuvenecida arteria de la urbe, con la carretera turística que conduce al Morro, y junto a otras iniciativas logró que los nacidos aquí volvieran a disfrutar de la rada, luego de décadas de vivir a espaldas de esta entrada al mar.

Quizás por eso, y porque Santiago de Cuba tuvo por años la bien ganada fama de ser una de las ciudades más limpias del país, es que indigna tanto ver que la desidia a veces se apodera del lugar, una situación que ya se viene haciendo habitual, y a nadie le gusta ver a sus hijos corriendo cerca de basureros, o ver oscurecer el agua que tanta calma le da, o que el mal olor entorpezca cuando le susurren a uno palabras de amor.

Una botella en la bahía de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

La situación de los grafitis en el cartel «Cuba», el mismo que ya identifica a la urbe, no es algo de hace par de semanas. Las indisciplinas que hoy lo han convertido en un lugar que emula con la pared de cualquier Bodeguita del Medio se originó cuando alguien decidió retirar el custodio que protegía la integridad del mismo.

Graffitis en el cartel Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

El muro del malecón lleva semanas escrito con la palabra «verga»… y no aparece ni una pintura para taparlo, y las latas que se amontonan en la orilla, ya dentro de poco se mimetizan con el paisaje.

Graffiti en el malecón de Santiago de Cuba. Foto: José Roberto Loo Vázquez. 

En todo caso, se percibe hoy que al malecón de la ciudad le está faltando y mucho una mirada cercana a lo que ahí está pasando, y por qué no, que se tomen medidas para evitar que lo que hoy aún da orgullo, mañana sea una vergüenza. 


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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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José Roberto Loo Vázquez

Periodista de graduación, y fotógrafo de pasión, dos historias que se entremezclan y atrevidamente me hacen llamarme fotoreportero. Si sumamos mi amor, por la ciudad de Santiago de Cuba, no es difícil entender mi preferencia: fotoreportero que gusta resaltar su urbe natal, la “tierra caliente”.

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