Caricatura de Raúl Castro sobre la gestión de Díaz-Canel | Foto © Omar Santana Facebook / Cortesía al autor
Caricatura de Raúl Castro sobre la gestión de Díaz-Canel | Foto © Omar Santana Facebook / Cortesía al autor

Memoria del Exilio: Canelo y yo


Publicado el Martes, 1 Octubre, 2019 - 03:48 (GMT-5)


*Me he atrevido a ilustrar esta crónica con dos obras maestras -geniales, como todo lo suyo- de uno de los mejores caricaturistas cubanos de los últimos tiempos: Omar Santana.

Omar Santana Facebook / Cortesía al autor

Explícame, por favor, Juan Ramón, cómo se puede revestir, con algo de poesía, tanta obcecada burrada.

Coz tras patada, una tras otra. Y viceversa.

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Terco, rudo, tosco, rozno, pollino, rucio.

¡Triste manera de estampar su huella en la historia!

A pura borricada.

Como típico asno, cree relinchar. Mas, todo lo que se le escapa es rebuzno.

¡Hasta cuando está contento, parece enojado el gigantesco jumento!

Con todo y el error que él les atribuye, a los nacimientos de quienes disentimos, dudo que haya ser -con dos dedos de frente, e inquieto pensamiento- que quiera estar bajo su piel, es decir, habitar en su pellejo.

Como todos los cubanos, un día, de repente, se apareció en nuestras vidas.

Sin cantar, ni bailar. * A golpe de insulso, aburrido e innecesario discurso.
* Después fue que lo vimos mal marcando, cheamente, algunos pasos de casino y mal tocando una pésima tumbadora.

Creo que primero ganó “méritos” en su universidad, en su provincia. *
* Siempre desconfiaré de los resultados académicos de quienes invirtieron todo su tiempo de estudios, en tareas “revolucionarias”

Luego en otra. Y, poco a poco, fue escalando. *
* “Para subir al cielo, se necesita…”

Hasta que nos lo impusieron. *
* Ni siquiera él mismo se pensó, jamás, para lo que le cayó encima.

El ejemplar. *
* ¡Caballo grande, ande o no ande!, dicen en el campo cubano. Como enorme es la herencia de desastre que tantos años improductivos desperdiciados nos han dejado.

El elegido.

El encargado de continuar el legado delegado por la más longeva dictadura que se recuerde en los últimos tiempos. *
* ¡Milagro no han peleado por ese record Guinness! A ellos, que tanto les satisface el oropel y la “especuladera”.

¿Vendría, él, a ser el modelo -ya alcanzado- de hombre nuevo? *
* ¿O será Hassan -el rapero revolucionario? ¿O la probeta malograda de Yusuam Palacios? ¿O Suselita (A)Morfa?, con todo y sus carencias ortográficas, por, más que tenga, más que claro, revisado, su modelo económico.

Miguel Díaz Canel Bermúdez. *
* ¡Cuyos sonoros patronímicos riman con el de su ídolo, supremo dios -e indiscutible patrón, hasta después de muerto- de la “siempre fidelísima isla de Cuba”!

El primer presidente cubano -luego de más de medio siglo- sin el apellido al que, por obligación, nos tenían, a la fuerza, acostumbrados. *
* ¿O he de escribir, en verdad, amordazados?

Faltaban sólo unos pocos meses para que fuera declarado oficialmente el sucesor. Pero ya se olía, la bola se había lanzado, el rumor circulaba por las calles.¡La China no daba más!

Para nadie es un secreto que su elección, e imposición, es la cómoda fachada para la verdadera dirección castrante del país. *
* Marioneta, títere, dirigente digital, ñato, “puesto a dedo”, son algunos de los muchos memes, o nombretes, que genera, casi, a diario.

Sólo una vez, tuve la ocasión de tropezar con su estampa.

Desde que mi mamá se enteró que servían almuerzo en La Colmenita*, se negó, rotundamente, a “disparar un chícharo”, a la hora de almuerzo.
* El grupo de teatro con niños que dirige mi hermano mayor.

Por lo que era frecuente, como parte de mi rutina habitual, el pasar a recoger una comida, a veces, tan suculenta, que, casi siempre, nos daba para la cena, además.

Unos días, antes de mi salida definitiva de Cuba, era mediodía. Y al llegar a la sede de la compañía infantil, me encontré, como terminando de conversar -de seguro, planificando alguna actividad para el estado- con mi hermano y el mencionado personaje, plantados, parados, en la misma reja que custodiaba la entrada del lugar.

No había escolta alguna; nadie merodeaba.

Ni un alma podía olerse, en toda esa cuadra, habituada al trasiego de niños con parientes.

Tenía, obligatoriamente, que pasar entre ellos, para poder ingresar al lugar.

Así que, le partí de frente, mirándole a los ojos. *
* Los míos los llevaba, por suerte, protegidos y cubiertos -como es de costumbre- tras mis minúsculos lentes oscuros.

- Yo te conozco a ti, de alguna parte -le dije, como para suavizar la tensión del encuentro. *
* Ya eran de dominio público mi censura y mi total disidencia.

- ¿Tú no eres artista de esos que salen por televisión? -e insistí, un poco, inquisitivo.

Entonces, sorpresivamente, me soltó su inolvidable, e inconcebible, respuesta:

- ¡Ojalá!

Y aquello le salió, como del centro del alma.

Se le escapó cual quejido profundo, lamento hondo, o confesión clave de personaje moribundo, al final de una telenovela mexicana.

Nunca ha sido, en su interpretación, en mi modesta opinión, más honesto, o más sincero.

Intercedió un silencio incómodo. Él mismo se preguntaba lo que había dicho. Para cerrar la escena, con broche de oro, aplacando el mal paso, le espanté, pues, un:

- Pues, mira, tú tienes muy buen tipo y puede que des la talla. Déjame saber con mi hermano y te busco un personaje en una de mis películas.

Risa corta y mutis, rápido, a por la jama; que no sólo de arte viven los artistas y mi mamá, de seguro, me esperaba, “partida por el medio”, en casa.

Pero aquel “ojalá” se me quedó flotando en la cabeza.

Y regresa a mi mente cada vez que, irremediablemente, le escucho, o, siquiera, oigo la mención de su nombre.

Hoy, a la luz de todo su inútil desempeño, pletórico de coceaduras y barrabasadas, debo reconocer el estoico desempeño de su mamá*, que ha venido a compartir las mandadas a la pinga, al carajo, o las mentadas del coñoesumadre, con la histórica receptora de mierda, e insuperable en su récord Guinness de cagadas en progenitoras, que es, la eterna más maldecida, de entre todas las malnacidas: la maldita Lina Ruz.
* Incluso, la Bermúdez, va camino a superar a la medalla de plata -en esas mismas cuestiones- que ostenta la madre del que corta, desde hace años, la luz.

Así que, con todo y lo que él vocifera, amaga, amenaza, luce, especula, delira, gruñe, patalea y hasta aspaventea, jamás me gustaría estar en su pellejo.

Eso de ser presidente sin mandar, siguiendo órdenes definitivas de “arriba”, no debe ser fácil.

Comer en grupo con los compañeros que te atienden. Twitear tonterías y que te caigan en pandilla, deseándote todo mal de muerte… ¡Pá su escopeta! ¡Que se quede él con su suerte!*
* Aunque tenga pienso bastante, como para darle a los caballos que tiran de su carroza botellera, camino a Palacio.

No me interesa.

La vida es sabia, sintomática en sus continuas señales.

¿No pudo, él, tener otro nombre? *
* Al igual que su esposa, la primera Primerísima dama “revolucionaria” Lys Cuesta, la culinaria. Lys es la flor aristocrática por excelencia y a la pobre Lys le cuesta llegar a un ápice de glamour monárquico. Por eso se empeña en la alta cocina.

Ni siquiera Pedro*, o José, o Alberto, o Emilio.
* Aunque, cambiándole la d, por otra erre, queda igual de peRro.

No. Es Canel.

Canelo, como, enseguida, lo bautizó el chucho anónimo, antiguo, sagaz y sabio de la población empobrecida. *
* Nosotros, los demás.

Como el Cancerbero. *
* Guarda, portero, vigilante, conserje, casquito, pastor alemán, CVP.

En la mitología griega el Can Cerbero era el perro de Hades, con su neblinoso, frío y sombrío inframundo.

Un monstruo de tres cabezas -según la tradición más común- o, de cincuenta -según Hesíodo- con una serpiente como cola.

Curioso es que, el chucho Cerbero, guardaba la puerta del infierno.

Y aseguraba que los muertos no salieran, al tiempo que los vivos no pudieran entrar.

Cualquier semejanza con la (ir)realidad, cubana, es imposible de reinventar, o concebir. Continuidad con los clásicos de la barbarie, este nuestro mandatario “coyuntural”. *
* Dichosa palabrita que ha puesto de moda y por la que será tristemente recordado, entre otras, de un rosario de pifias que parecen labrarse los dirigentes “revolucionarios” en las redes sociales.

¡Con yunta de bueyes, nos conmina a arar!

Defiende la tracción animal*, como antesala a su alegato por la tracción humana y habla del buen sabor de una comida -cada vez más escasa para el resto de la población- cocinada al carbón.
* ¿Cómo van a preocuparse por legalizar los derechos de los animales -ahora, que acabarán con ellos- si de los derechos humanos reniegan?

Acostumbrado toda su vida a obedecer -cual obediente mulo de cargas pesadas- ¿cómo es que puede dirigir? *
* Porque acata preceptos. Es su naturaleza. Cumplir mandamientos.

E invita -desde su panza, cada vez más llena y desde lugares con aire acondicionado, a full- a pensar como país, a una población que, ni tiempo le queda para pensar en cómo agenciarse lo que se llevará de comer, no digamos este mes, ni siquiera esta semana, sino este día, ahorita mismo.

Adoquín que no atina, es la viva estampa de que Martí -frente al rigor castrense y bélico de Máximo Gómez- en algo esencial a nuestra esencia, sencillamente, se equivocaba.
Un pueblo, sí puede fundarse, como se manda un campamento.

Sus jefes -de sobra- lo han demostrado a lo largo de más de medio siglo.

Artículo de opinión: Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de CiberCuba.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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Juan Carlos Cremata Malberti

Director de cine y guionista cubano. Se graduó en 1986 de Teatrología y Dramaturgia, en el Instituto Superior de Arte (ISA) de La Habana, posteriormente cursó estudios en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños graduándose en 1990.

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